
Puerto Escondido es una bahía que se forma en el litoral del Océano Pacífico mexicano y pertenece al estado de Oaxaca, al sur del país. Su exuberante naturaleza, aunada al magnetismo de sus tradiciones culturales, lo convierte en un destino inolvidable. Es un lugar que sabe al México terrenal y hasta místico, que como conquistador incesante atrae a viajeros de alrededor del mundo, con tanta fuerza, que algunos de ellos se convierten en residentes de manera permanente.
La titánica elevación de sus olas lo ha convertido en una especie de santuario para los adeptos al surf, lo que sin duda ha contribuido al desarrollo turístico de la región, y por ende, a la construcción de una infraestructura que lo sostiene como un destino paradisiaco, que a pesar de su fama reciente, no ha perdido su esencia rústica ni su carácter pueblerino.
Puerto Escondido, como tantas playas mexicanas, durante mucho tiempo permaneció inaccesible vía terrestre y por lo tanto estaba desconectado de la civilización, hasta que en la década de los veintes se estableció como puerto dedicado a la pesca, así como al embarque de café para su exportación. Sin embargo, es bien sabido que la región fue habitada por grupos indígenas desde muchos siglos atrás, y después fue un lugar de paso para piratas en tiempos de la colonia. De hecho, fue en esas épocas que se gestó su nombre original: La Escondida o Bahía de la Escondida.
En el año 1520 el navegante de origen vasco Juan Sebastián Elcano, fue el primer hombre en circunnavegar el globo. Poco más de cincuenta años después, el famoso pirata Sir Francis Drake realizó la misma hazaña. Este inglés capitaneaba una flota en constante expansión, temida por su cruel audacia para acechar y raptar los navíos mercantes, no sin antes asesinar a toda la tripulación; en especial se ensañaban con los barcos que enarbolaran la bandera con la Cruz de Borgoña que indicaba su origen español. Cuando recorrían aguas mexicanas, el hermano de Francis, Andrew Drake decidió seguir por su parte a bordo de una embarcación a su cargo.
Cuenta la leyenda, que cuando pasó por Santa María de Huatulco se enamoró de una hermosa mujer mixteca a la que, tras asaltar e incendiar la ciudad, raptó y encerró en su camarote. Cuando partió, se encontró con una bahía desértica donde decidió anclar para tomar un respiro. El sitio era idóneo puesto que desde ahí se podía avistar con mucha facilidad cualquier bajel español que tuviera el infortunio de cruzarse con esta sádica tripulación inglesa.
Entonces, la bella mujer escapó y se fue nadando hasta la playa, se internó en la selva y nunca más se supo de su paradero. Los secuaces de Drake la buscaron larga e inútilmente y cada vez que ahí anclaban repetían la estéril cacería. Esa dama disipó su nombre real para convertirse en La Escondida, apodada así por los piratas, y esa playa que significó su liberación heredó su nombre: en aquella época fue conocida como Bahía de la Escondida.
Durante los años sesentas se construyó una carretera para conectar a Puerto Escondido con otras comunidades costeras como Acapulco, Guerrero, lo que significó el inicio de una época de apertura y el eventual descubrimiento de la bahía por parte de algunos viajeros. En esos años fue cuando los surfistas descubrieron ese fenómeno natural al que llamaron The Mexican Pipeline, que es el tubo de agua que se forma momentos antes de que la ola rompa.
Es así que Puerto Escondido, antes de ser visitado por ávidos turistas nacionales y foráneos, fue muy recurrida por surfistas que vieron en sus playas magníficas olas para todos los niveles: de menor escala para intermedios e incluso principiantes que aquí aprendían sus primeros movimientos, hasta olas gigantescas aptas sólo para surfers consagrados. El transcurso del tiempo fue alimentando la fama de estas olas cuya altura alcanza hasta más de cuatro metros, convirtiendo a Puerto Escondido en uno de los mejores destinos para surfear en todo el planeta. Por aquí han pasado muchas personas legendarias en el manejo de la tabla y hasta la fecha se respira un aire de libertad muy ligado a la cultura del surf, que se refleja en el estilo de vida de los porteños.
Hoy en día, Puerto Escondido basa su economía en la pesca, el cultivo de mangos, cocos, papayas y sandías; pero principalmente, en el turismo, que a pesar de su pujante crecimiento no ha socavado la hermosura de este lugar. La población en la localidad es un grupo ecléctico de mestizos, indígenas, blancos mexicanos y extranjeros. El idioma oficial es el español aunque el espíritu cosmopolita de la población ha propiciado la expansión de idiomas como el inglés y en menor escala el alemán, italiano y francés. Además, los grupos indígenas aún hablan lenguas prehispánicas como el zapoteco y el chatino.